L a Esclerosis Múltiple se caracteriza por inflamación, neurodegeneración, lo cual provoca síntomas motores, cognitivos y neurosiquiátricos (Squillace et al., 2015; Keune et al., 2015, 2017; Burschka et al., 2014; Rottoli et al., 2017; Chiaravalotti and DeLuca 2008; Ferreira et al., 2010; Rogers et al., 2007). Según varios autores, los déficits cognitivos abarcan entre el 40 y 70% de los pacientes con esclerosis múltiple, afectando su funcionalidad (Hansen et al., 2015; Benedict et al., 2011; Rocca et al., 2015).

Los dominios cognitivos afectados en la Esclerosis Múltiple son variados y pueden incluir alteraciones en la velocidad de procesamiento de la información, atención, funciones ejecutivas y memoria de trabajo, así como, memoria verbal y visuoespacial (Keune et al., 2017; Amato et al., 2010; Korakas et al., 2016; Prakash et al., 2008).

La posibilidad de recordar un número telefónico o mantener una conversación con otros, corresponde a la función de memoria de trabajo. Dicha capacidad cognitiva es una de las deficiencias más comúnmente alteradas en la Esclerosis Múltiple, encontrándose afectada tempranamente en el curso de la enfermedad (Lengenfelder et al., 2006; Archivald et al., 2000; Chiaravalotti et al., 2008).

Se demostrado que la memoria de trabajo involucra la actividad oscilatoria  en las bandas theta (4-8 Hz) y gamma (30-100 Hz)  (Lisman 2010; Hsieh et al., 2014), así como al acoplamiento entre ambas bandas (Alekseichuk 2016). Este acoplamiento theta-gamma ha sido observado en diferentes áreas cerebrales, entre ellas, en las regiones fronto-parietales en tareas de memoria de trabajo, a través, del fenómeno de sincronización de fases (Lisman 2010; Fell et al., 2011; Canolty et al., 2006, Shucard 2009, Halgren 2002, Curtis 2006).

Debido a la fisiopatología de la Esclerosis Múliple, se han reportado alteraciones en la conectividad córtico-cortical (Leocani et al., 2000; Fielding et al., 2009; Audoin et al., 2006; Rimkus et al., 2017). Siendo estas redes cerebrales distribuidas, especialmente sensibles al daño difuso de la sustancia blanca y gris encontrado en la Esclerosis Múltiple (Feuillet et al., 2007; Damasceno et al., 2015; Kim et al., 2017). Sin embargo, en etapas tempranas de la enfermedad se han visto cambios funcionales adaptativos para compensar el daño estructural (Rao et al., 2014; Dineen et al., 2009; Gamboa et al., 2013), que minimizan las manifestaciones clínicas siendo, muchas veces, imperceptibles al examen clínico.

Los resultados preliminares de nuestro trabajo fueron presentados en Octubre del año 2017 en el 7º Congreso Mundial de Esclerosis Múltiple, organizado por ECTRIMS-ACTRIMS (Comité Europeo y Americano para el tratamiento y la investigación en esclerosis múltiple) celebrado en París, Francia.

Dado estos antecedentes y la inquietud del equipo de salud a cargo de estos pacientes en el Servicio de Neurología del Hospital Clínico de la Pontificia Universidad Católica nos surgió el interés conjunto de investigar a dichos pacientes.

Para ello,  hemos estado estudiando las alteraciones en los circuitos corticales que sustentan la memoria de trabajo, específicamente las diferencias electrofisiológicas en las oscilaciones cerebrales en una tarea de memoria de trabajo visual,  en pacientes con Esclerosis Múltiple del tipo relapsing-remitting (RR) en etapa temprana de su enfermedad que presentan nula o mínima alteración cognitiva, dada la escasa y contradictoria evidencia acerca del comportamiento electrofisiológico de esta función cognitiva (Comi et al., 1999; Gaudino et al., 2001; Ellger et al.,2002; Achiron et al., 2006). Nosotros estudiamos esta función cognitiva con el paradigma de Sternberg, el cual, nos permite visualizar qué etapa específica de la memoria de trabajo puede estar alterada, con el objetivo de contribuir a la detección temprana, seguimiento y rehabilitación específica, dada la evidencia de entrenamiento de estas disfunciones (Constantinidis et al., 2016; Kucewicz et al., 2017; Alekseichuk et al., 2016), dado el impacto negativo del deterioro cognitivo sobre el desarrollo profesional, relaciones personales, estado de ánimo y calidad de vida en general (Leavitt et al., 2017).